Analogía presión a la diferencia.
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___La imagen triunfante ha sido siempre la del guerrero: el hombre fornido lleno de testosterona que elimina a sus contrincantes con facilidad (Rambo, Terminator, Hulk). Esa imagen tiene su origen en la épica, donde el héroe se convierte en motivo de admiración irrestricta. Bien sea en la épica griega (Aquiles, Héctor, Ulises) o en la épica medieval (Sigfrido, Rolando, el Cid), el hombre que es capaz de eludir todos los obstáculos para eliminar al enemigo es de inmediato elevado a la categoría de ídolo por la tradición popular.
___El problema es que hemos incorporado en nuestro inconsciente más profundo ese ideal guerrero. Ser débil o suave no solo es mal visto, sino que genera de inmediato un matoneo por parte de los distintos grupos sociales. En el colegio, en la universidad o en el trabajo se impone la idea de que para triunfar hay que ser un duro, un teso, un tiburón. Si no tienes éxito la culpa es tuya porque eres un tibio, alguien sin agallas.
___En el plano de la política sucede exactamente igual. Los bandos en conflicto, atravesados por ese ideal guerrero, admiran al uniformado que anda siempre con la pistola al cinto: Carlos Castaño o Tirofijo. Tanto el movimiento paramilitar como el guerrillero son ejércitos de uniformados dispuestos a todo que han entrado a las poblaciones a sangre y fuego, y que han cometido las atrocidades más inenarrables: genocidios, masacres, campos de concentración, fusilamientos extrajudiciales. Es el ideal del matón que se hace respetar a bala o a machete.
___El narcotráfico, por su parte, también hace alarde de sus lugartenientes y sus sicarios que andan siempre exhibiendo sus fierros con orgullo. Esos son los modelos que poco a poco se van imponiendo en las nuevas generaciones. El lío es que el país no avanza ni prospera gracias a ellos, sino a los otros, a los ciudadanos desarmados y pacíficos que madrugan a trabajar, que construyen nación y que pagan sus impuestos puntualmente. Los países no se desarrollan gracias a los matones, sino a los ciudadanos inteligentes y trabajadores.
___Por eso, en los procesos de paz (Ruanda, España, Irlanda) es la sociedad civil la que envía un mensaje contundente a los combatientes: no deseamos más sus secuestros y sus asesinatos. Ese mensaje significa que el guerrero, en realidad, es un inútil que no sirve para nada, excepto jalar del gatillo. Una sociedad no necesita polígonos, sino universidades, centros de investigación y talleres artísticos. En los procesos de paz triunfan los pacíficos, los ingeniosos, los estudiosos. Se trata de reemplazar las armas por lápices, cuadernos y computadores.
___En nuestro país los guerreros lograron fracturar a la sociedad civil porque no teníamos un tejido social sólido. En lugar de imponernos nosotros y vencerlos obligándolos a entrar en la vida civil, lo que lograron fue rompernos en dos bandos que siguen enfrentados, al día de hoy, en las plazas públicas, en los medios de comunicación y en las redes sociales. Son los furibundos, los energúmenos, los rabiosos que predican su radicalidad con orgullo. ¿En qué bando está usted? A ver, ¡decídase! ¡No sea tibio!
___Sin embargo, creo que por entre los intersticios de esta sociedad fracturada, empieza a emerger una ciudadanía cansada de tanta agresividad y tanta violencia. No queremos congelar al otro hasta eliminarlo ni quemarlo tampoco. Queremos acogerlo con tibieza y dialogar, establecer acuerdos y construir nación. No buscamos una paz sosa e ingenua, sabemos bien que los conflictos estarán entre nosotros permanentemente. Pero sí anhelamos otros modos de dirimir esos conflictos, otras formas más lúcidas y afectuosas. Insultarnos y amenazarnos demuestra toda nuestra ignorancia. Sentarnos a dialogar y construir propósitos comunes exige creatividad, tolerancia y agudeza mental.
___No será fácil, por supuesto, porque los radicales hacen más ruido y se propagan en la red viralmente. Pero empecemos por enviarles un mensaje contundente: si se miran al espejo fijamente se darán cuenta de que se han convertido en lo que más detestan. Son las dos caras de una misma moneda. Son idénticos: usan las mismas expresiones, insultan igual, no tienen ideas sino creencias y están atravesados por el mismo odio. Y quizás lo que el país está necesitando con urgencia es exactamente lo contrario: la plácida dulzura de una inteligencia pacífica y sensible.