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___Hace poco estuve en una ciudad costera y mi sorpresa comenzó cuando de pronto, en las horas de la noche, empezaron a salir una cantidad de gatos a recorrer el sector donde yo me estaba hospedando. Algunos niños intentaron acercarse a consentir a los mininos y entonces los felinos, enfurecidos, empezaron a mostrar los dientes y a arañar el aire con agresividad. Los niños, muy asustados, salieron corriendo. Esa escena se repitió varias veces en los días siguientes: los gatos se comportaban como animales salvajes en medio de la jungla.
Una mañana me levanté temprano y caminé por la playa plácidamente disfrutando de la cercanía del mar. Cuando me di cuenta, estaba rodeado por una cantidad de mosquitos diminutos que me estaban devorando vivo, sobre todo en la parte baja de las piernas, alrededor de los tobillos. Tuve que lanzarme al agua para evitar la paliza, y, aun así, ya dentro del mar, seguía sintiendo a los bichos picándome de la cintura para abajo. Una verdadera locura. Nunca ha habido mosquitos en el mar.
En las horas del atardecer volví a la playa con unos amigos y, para resumir la escena, los insectos se dieron un gran festín con nosotros. Parecíamos unos fiambres recién sacados de la nevera servidos en la mesa de una tribu de caníbales. Terminamos en la enfermería pidiendo ayuda y nos recetaron Betametasona y un antihistamínico para las picaduras. El médico, con cara de pesadumbre, nos dijo:
– Es muy raro. Aparecieron después de la pandemia.
Para rematar, al desayuno, los pájaros descendían de los árboles y las palmeras y se lanzaban sobre los pedazos de fruta, de pan y de cualquier residuo de comida que uno no estuviera vigilando con atención. Había que comer con una mano y defender la comida con la otra. Los animales se instalaban en los asientos cercanos o sobre la misma mesa, algo muy extraño porque los pájaros siempre nos han tenido temor y rehúyen nuestra presencia. Un mesero tenía que pasar a cada rato con un trapo y espantarlos mientras gritaba desesperado:
– ¡Dejen comer, carajo!
Entonces recordé una película del famoso director Mr Night Shyamalan llamada The Happening, que comienza con una serie de suicidios en cadena que se presentan en la ciudad de Nueva York. En principio, las autoridades creen que se trata de un ataque bioterrorista utilizando una neurotoxina que se esparce por el aire. Poco a poco vamos descubriendo que se trata de una acción de legítima defensa de la propia naturaleza. Nosotros somos los agresores, los depredadores, las bestias contaminantes, y la naturaleza ha decidido combatir la amenaza, atacarnos, buscando sobrevivir a como dé lugar.
Las ballenas se están quedando varadas en playas remotas y lejos de sus rutas tradicionales. En el 2022, una beluga blanca fue vista en el río Sena, a unos setenta kilómetros de París. En el año 2021, una manada de catorce elefantes desorientados caminó cerca de 500 kilómetros en línea recta en la provincia de Yunnan, en China. Los científicos no entendían qué estaba sucediendo con ellos. En el año 2022, unas ovejas en Mongolia estuvieron caminando en círculos durante doce días sin parar. Lo mismo sucedió en Irak con cientos de caballos que empezaron a caminar en círculos sin explicación alguna.
Me pregunto, entonces, si los animales, al igual que nosotros, no estarán empezando a sufrir de un estrés climático como producto de los cambios extremos que estamos experimentando en el medio ambiente. Las largas sequías, la escasez de agua, y por el otro lado los aguaceros torrenciales, las inundaciones y las nevadas es posible que estén afectando el comportamiento de todas las especies del planeta. Nos estamos enloqueciendo en masa sin darnos cuenta. No solo estamos delirando nosotros, sino los animales que nos rodean también. Hemos cruzado ya el punto de no retorno. Hacia adelante solo nos espera la inestabilidad y la locura.